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El nominado a un Oscar Michael Mann dirige a Will Smith en ALI, un drama épico sobre el deportista más querido, denostado y controvertido de todos los tiempos. Un hombre cuya influencia se extendió mucho más allá de los cuadriláteros.

"Tenía que encontrar una historia que me motivara", afirma Michael Mann sobre el hecho de llevar ALI a la pantalla grande. "Empieza en 1964 y finaliza en 1974. Por un lado, la historia es simple: un hombre gana el Campeonato Mundial de los Pesos Pesados; después ese título le es arrebatado de forma ilegítima. Él lucha por anular la sentencia que se le ha impuesto y, a la vez, empieza a entrenar para volver a hacerse con la corona de campeón. Sin embargo, descubre que el tiempo le ha pasado factura y, además, ha robado parte de su empuje y valor; justo cuando debe enfrentarse en Zaire a un hombre más joven y fuerte que él, George Foreman".

Pero Mann, cuya buena mano para la dramatización de temas de contenido social en el Dilema le valió una nominación al Oscar, no se sentía motivado a realizar una película sobre una figura histórica per se. "No estaba interesado en mostrar esta historia como un docudrama o una hagiografía de Ali. Idealizar a Ali sería menospreciar su humanidad. Supondría robarle las debilidades y los errores que convierten a los seres humanos en lo que son, así como el valor y la dedicación que hacen de él excelso hombre y atleta.

Para capturar la verdadera esencia de Ali, la película está realizada para ofrecer al público una imagen del campeón desde una perspectiva única y original. En palabras del propio Will Smith, "podemos ver a Ali en una habitación de hotel, justo después de que haya decidido convertirse en insumiso al servicio militar, puedes ver también a Ali el día que conoció a su futura primera esposa. O a Ali sentado en el comedor de una estación de servicio mirando por televisión los Juegos Olímpicos de 1968. Se muestra el auge y la caída, no por los hechos importantes y magnificados, sino a través de los ojos de sus amigos y de los suyos propios".

La transformación de Will Smith en Ali requirió algo más que el cambio físico que va de un actor de 80 kilos a un atleta de 105. Fue también una metamorfosis del alma. Un año antes que las cámaras empezaran a rodar, Smith comenzó el arduo proceso de adoptar la peculiar manera de hablar y expresarse de Muhammad Ali; sus manierismos, su idiosincrasia.

Más difícil todavía que subir al ring, Smith tenía que meterse en la cabeza de Ali. Tenía que incorporar toda una mirada de personajes: pendenciero, diplomático, bocazas incorregible, primitivo rapero y campeón mundial.

La transformación emocional de Smith fue paralela al acto físico de convertirse en boxeador incluyendo el encajar golpes de púgiles profesionales. "Will no usa dobles en la película", explica Mann. "Ha encajado bien los golpes. Y él también puede pegar", Angelo Dundee supervisó parte del entrenamiento de Smith, poniendo especial cuidado en enseñarle los movimientos y el estilo de Ali. Según el propio Dundee, "Muhammad está encantado que sea Will Smith quien le interprete en la pantalla. Si hubiera tenido a Will en mis manos cuando tenía 20 años, también hubiera podido hacer de él un campeón. Tiene el físico y, mucho más importante, el espíritu necesarios".

"Le estaba dando una buena a Will", recuerda Charles Shufford, que da vida a George Foremann. "Michael Mann quería algo que pareciera real. Will me dijo, "venga, dame caña. No simules los golpes". Will está en forma y sabe boxear. Fuimos a por todas y los dos hicimos volar los golpes. No a la cara como se hace en un combate real, pero sí que nos dimos fuerte en el cuerpo".

"La visión de Mann y Smith era que en esta película nada tenía que ser simulado, ni los golpes", explica el entrenador, Darrel Foster, quien durante años trabajó con el gran Sugar Ray Leonard entre otros. "De cara a interpretar la vida de Ali, Will tenía que experimentar lo que es que te aticen de verdad". Smith se entrenó con Foster, quien le hizo familiarizarse con innumerables estilos defensivos y ofensivos.

Para Will Smith, Ali encarnó un grado de convicción espiritual semejante a algunos de los líderes religiosos más importantes, de Ghandi a Martin Luther King. "Supo encontrar la simplicidad en la vida", afirma Smith. "Voy a vivir según la palabra de Dios tanto como me sea posible", se dijo a sí mismo. "Y mi Dios me dice que no debo ir a Vietnam a matar gente". En realidad es sencillo: haces lo que se debe hacer. No tengo nada importante que perder porque ya he establecido mis prioridades. Todos le miramos y aclamamos, "¡Guau! ¡Qué profundo!" No importa lo que te prometan, o cómo te amenacen, no son relevantes las repercusiones; vive ­ o muere ­ por lo que tú creas justo. Es un concepto muy simple, pero no es fácil de llevar a la práctica".

Smith admite que para la gente de su generación e incluso más joven, la importancia de la figura de Ali ha tenido que ser aprendida ya que no la vivieron de primera mano. "Ali venció a Liston en 1964, antes que yo naciera", explica Smith. "Por lo que tuve que estudiar su vida por mi cuenta. Sabía que había sido un luchador, pero también que se había opuesto a la Guerra de Vietnam. Los chicos que hoy tienen 21 años no conocen realmente lo que significaron aquellos días; los días del Movimiento por los Derechos Civiles o la oposición a la Guerra de Vietnam. Sin embargo, y de algún modo, ellos siguen asociando a Ali con dichos episodios. Pero no tienen ni idea del sufrimiento por el que se tuvo que pasar para consolidar todos esos movimientos asociativos".

El compromiso de Ali influyó a la gente de muchas maneras diferentes. "Para mí, Ali fue simplemente el mejor atleta de todos los tiempos", sentencia Jaime Foxx, que da vida en la película a Drew "Bundini" Brown, el bravo del campeón mundial. "No hay disciplina deportiva más dura que el boxeo. Sólo por ser el increíble atleta en que se convirtió, te da una idea de la talla del increíble individuo. Admiro su chulería en una época en que no era nada fácil para un negro el comportarse así. Era pura energía y estilo".

La esperanza que Ali dio a los pobres y los oprimidos se extendió mucho más allá de las fronteras norteamericanas. De hecho, su influencia es todavía la misma que cuando era un campeón. "Los mexicano-americanos, especialmente los trabajadores del campo inmigrados, reconocen lo que representó", asegura Paul Rodríguez, quien interpreta a "Fight Doctor" Ferdie Pacheco en la película. "Tuvo el coraje de levantarse y decir, 'no seré el esclavo de nadie'. Fue un revolucionario".